Pornonativos

febrero 2, 2024

La noticia saltó el lunes: Pedro Sánchez creará un Comité de Expertos ante la nueva epidemia. ¿Cuál? La del consumo de porno, en especial por menores. Ya manifestó hace unos días su intención de obligar a introducir el DNI antes de acceder a páginas web con contenidos, ejem, explícitos. La causa aducida por nuestro presidente es el incremento de jóvenes que acceden al porno a una temprana edad, e incluso ha surgido un término para designar a estos inquietos adolescentes: «pornonativos». Con ello se quiere señalar que muchos acaban teniendo el porno como una única fuente de información sexual, y así acaban formándose unas expectativas no excesivamente realistas. En eso tienen razón, y es un mal de todas las generaciones de adolescentes. Los de la mía accedimos a la iluminación a través de prestigiosas publicaciones como Penthouse e incluso –me temo- Macho.

Así aprendimos que las mujeres entraban en un trance lujurioso a la vista de cualquier hombre, independientemente de su aspecto físico e incluso de su poder adquisitivo, y que estaban muy predispuestas a montárselo inmediatamente con uno y la primera amiga que pasara por ahí. El contacto con la realidad no solía corresponder exactamente con estas expectativas, no por maldad de las mujeres, sino porque no habían tenido tanta curiosidad científica como nosotros. Luego la cosa se invirtió, y fueron ellas las que comenzaron a adquirir conocimiento a través de Cosmopolitan. Fue el turno de los hombres de enterarnos, para nuestra sorpresa, de que lo que realmente nos encanta son las sesiones eróticas interminables con velitas. En fin, que todo el asunto sexual está sembrado de minas y malos entendidos, y quizás por eso sea tan entretenido.

Lo que quiero decir es que este problema no es exactamente nuevo, aunque ahora internet provoca un peligro de sobreestimulacion. ¿Existe actualmente una inadecuación entre la excesiva oferta visual, y una respuesta sexual que surgió evolutivamente en una época –la de los cazadores-recolectores- en que había muchos menos culos a la vista? Pues sí, sin duda. Ocurre algo parecido con nuestro gusto por el azúcar, que nació en un entorno escaso y que, con la disponibilidad actual, nos puede convertir en obesos. Así que, de modo similar, algunos podrían afirmar con fundamento que la sobreabundancia de oferta visual puede convertirnos en monos salidos. Con todo, casi es más ofensivo lo de «pornonativos», porque el problema real está en otro lado. Un estudio de Peter Ueda expone que el porcentaje de estadounidenses entre 18 y 24 años, que reportan no haber mantenido relaciones sexuales en el último año, ha ascendido del 19% al 31%, y otras encuestas indican que -en ese mismo periodo- el porcentaje de hombres que llegan vírgenes a los 30 años ha subido del 8% al 27%. Estas tendencias –que se repiten en otros países- afectan abrumadoramente a hombres de bajo estatus, y no se repiten en mujeres, lo que indica –para empezar- que algunos hombres están consiguiendo más cópulas.

El caso es que el mercado del emparejamiento no es nada igualitario, y que los datos de las apps de citas muestran una profunda brecha entre ambos sexos. Por ejemplo, según la plataforma OKCupid las mujeres, que son muy exigentes, califican al 80% de los hombres como menos atractivos que la media. En cambio los hombres, mucho más igualitarios, afinan más y consideran que sólo un 50% de las mujeres son menos atractivas que la media; y además responden también a los requerimientos de esta mitad menos atractiva. En todo caso, el mercado del emparejamiento está dominado por ese 20% afortunado a los que las mujeres consideran aceptables, y eso deja un sombrío panorama para el 80% restante: muchos, sencillamente, son expulsados del mercado. Tampoco es una ganga para las mujeres, que se ven abocadas a una feroz competencia intrasexual por ese 20% codiciado. Todo esto es un efecto secundario negativo de algo muy positivo: la consolidación del acceso de la mujer al mercado laboral. Porque las mujeres son más selectivas y buscan emparejar hacia arriba con hombres de alto estatus, y según han ido ascendiendo han ido quedando menos. Existen sólidas razones evolutivas que lo explican, pero podemos hablar de ello otro día.

Como ven, nuestros adolescentes se enfrentan a un futuro complicado en todos los mercados, y no sólo en el laboral. Y encima los de sexo masculino que fracasan en el sexual reciben un término despectivo: «incels» (célibes involuntarios). Quedan una serie de dudas pendientes en todo este asunto. ¿Existirá realmente el Comité de Expertos en Porno, o será como el de la COVID? ¿Cómo demostrarán que son expertos? ¿Habrá una sola persona que se anime a meter su DNI para acceder al porno? Todo esto es un tema complicado en el que convierte separar el grano de la paja.

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